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sábado, 1 de enero de 2022

Postales y diario desde el siglo XIX mexicano

 Este proyecto surge ante la inquietud por la difusión de la literatura del siglo XIX mexicano. El anterior enunciado surge por algunas cosas que he notado: la primera, revisando y ayudando a mi Mamá en sus cursos de secundaria, noté que la literatura mexicana se presenta muy poco en los planes de estudio o en los textos sugeridos en los libros de lectura; segundo, me ha tocado escuchar a gente docta del tema hablar sobre la gran impronta de estos escritores en el público mexicano, cuando hice una pequeña encuesta para confirmar eso resultó en que muy pocos de mis coetáneos conocían sobre estos autores; tercero, en la carrera, para sorpresa mía, me agradaron y emocionaron las obras literarias del XIX mexicano gracias la Doctora Blanca Estela y a la Doctora Ana Laura y me sorprendía que no hubiera una mayor difusión de estas obras en otros espacios de mi formación. Las anteriores circunstancias no quieren decir, y eso quiero remarcar, que la literatura del XIX mexicano deba leerse porque sea una joya nacional, por ser patrimonio, por nacionalismo o por obligación como ciudadanos mexicanos. 

    A estas alturas del siglo XXI, en un mundo globalizado y con distintos tipos de ficciones literarias, cinematográficas, audiovisuales, en línea, programadas digitalmente, etc., lo anteriores motivos que apuntan a una lectura dada por el "sentimiento nacional" resultan ridículos en  muchos aspectos. ¿Para qué leer, entonces, a estxs autores decimonónicxs? ¿Qué realmente nos dicen a nosotros habitantes de la gran aldea digital? Posiblemente nada o posiblemente mucho, sin duda corresponde al lector desentrañar para sí mismo ese misterio. Lo que sí considero importante, más que establecer listas de autores canónicos y valoraciones a partir de la nacionalidad y soberanías patrias, es aprender a ser consientes de cómo leer a estxs escritores que publicaron sus obras durante el siglo XIX e inicios del XX. 

    En este aspecto, más que enseñarnos que hay una serie de grandes autores, nos deberían enseñar en la escuela a ser consientes de nuestra capacidad lectora. Recordemos que el leer y el escribir no es algo natural a la humanidad, se tratan de herramientas que se desarrollan y se fortalecen a lo largo de nuestra existencia en el mundo, y eso si decidimos ejercitarlas. Leer a los autores del XIX requiere que el lector sea consiente de cómo, por qué y qué lee (o consume) en el siglo XXI, sepa identificar que hay en esa otredad decimonónica que lo repele o lo desafía, reconocer que para entender la existencia de otro requiere ceder parte de su visión del mundo a otra perspectiva. Leer más allá de nuestra época es un acto de humildad y de modificar nuestro comportamiento a lo que no entendemos en una primera instancia. 

    Yo reconozco que esas lecturas del XIX mexicano, en algunos momentos, me provocan aburrimiento, a veces incomprensión; pero debo, antes que cuestionar al otro (sea texto, autor o época), cuestionarme a mí mismo ¿Qué aspectos desde mi sensibilidad estética me están impidiendo comprender tal obra? ¿Qué sesgos culturales, históricos, políticos, etc. no me permiten acercarme a tal autor o tal texto? ¿Qué gustos generados por mi educación y familia me impiden acercarme a esta literatura? Ojo, esto no quiere decir que siempre sea un impedimento de nuestro yo presente, en algunos casos nuestra postura ética o social o psicológica se verá ampliamente enfrentada a las ficciones de otras épocas y tendrá que establecer una postura; pero esta postura surge una vez  que  nos conocemos a nosotros mismos y a los otros. 

    Estas palabras iniciales no buscan ser un extenso prólogo ni una solución fácil e inamovible, mucho de lo que digo se puede problematizar y cuestionar. Este proyecto de difusión que voy a realizar este año 2022 surge ante una serie de interrogantes que me he hecho durante un tiempo respecto a la actualidad, disfrute, goce y problematización de las obras del siglo XIX mexicano en nuestro contexto del XXI. Sé que existen distintas iniciativas de difusión de las letras patrias en distintas instituciones como el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, otras universidades públicas del país, la edición de textos de esta época en la UNAM, Universidad Veracruzana, FCE, Colegio Nacional, COLMEX, Fundación para las Letras Mexicanas, etc. etc. 

    Una de esas propuestas de edición que me llamaron la atención fue la coedición de Penguin con UNAM en donde salieron varios títulos de literatura mexicana del XIX, pero una serie de preguntas me invadía cuando vi esos libros ¿Quién los va a leer si la literatura mexicana del XIX sólo se presenta como tema de unidad en Literatura Mexicana e Iberoamericana de Preparatoria Nacional y no el los demás y variados programas de educación media superior? Ya ni digamos de su presencia en la educación básica. ¿Cómo el público lector del XXI (y perdón, pero estoy pensando sobre todo en público milenial y centenial) va a querer adentrarse a esas obras sin que se le haya brindado una oportunidad en la escuela o en el gusto cotidiano? ¿Realmente qué vamos a hacer con esos textos, valorarlos como joyas nacionales inmaculadas e impolutas; regocijarnos en las que nos permitan el goce y el disfrute; atormentarnos ante las que no podamos comprender?

    Las postales y entradas de diario, como formas literarias muy propias en la discontinuidad temporal de nuestros días, van a ser formas en que quiero difundir mi lectura, análisis e interpretación de algunos textos decimonónicos. Con esto pretendo, si se puede, generar un diálogo tanto con los que me conozcan como con los que no, finalmente el Internet es el espacio de los posibles o te viralizas o te diluyes. La literatura del XIX mexicano es para mí algo que conozco, pero sólo tangencialmente ya que sólo en muy pocas ocasiones me he aventado a leer con método o a conciencia estos textos. Partiré, como el ñoño que soy, por algunas puertas que han indicado algunos críticos e historiadores de la literatura decimonónica. No espero contestar todas mis dudas que he formulado en párrafos anteriores, posiblemente me surjan más preguntas que respuestas; pero así son todos los viajes que hacemos en la realidad o en la ficción, son un misterio por más que reflexiones sobre ello; sin embargo podemos compartir y verbalizar nuestras experiencias ante ese viaje.

Posdata, la palabra 'palique' designa una conversación de poca importancia, la literatura, hoy en día, es una discusión de poca importancia y por ello resulta tan útil para reírse, llorar, crítica y comprender, su intranscendencia nos recuerda lo que nos hace humanos.  

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