Páginas escritas

sábado, 8 de enero de 2022

El humanismo ayer y hoy

 

El pensamiento humanista de los jesuitas expulsados de la Nueva España representa parte de los fundamentos del México independiente, de tal manera lo señala Julio Jiménez Rueda en Letras mexicanas en el siglo XIX. ¿Pero en qué consiste esa impronta en el México decimonónico? Jiménez Rueda y Gabriel Menéndez Plancarte (Humanistas del siglo XVIII) señalan muy escolarmente los siguientes puntos: importancia del conocimiento de lenguas clásicas (griego y latín) y prehispánicas (especialmente el náhuatl), exaltación criolla de la patria mexicana, búsqueda histórica del mundo indígena prehispánico, concepción del filósofo como ciudadano del mundo, idea del mestizaje como fundamente cohesionador de la Nueva España.

Con el párrafo anterior se puede contestar un examen de conocimientos generales sobre los humanistas del XVIII, sólo faltaría enunciar a sus máximos exponentes: Francisco Xavier Clavijero, Rafael Landívar, Diego José Abad, Francisco Javier Alegre, Andrés Cavo, Andrés de Guevara y Basoazábal, Pedro José Márquez, Manuel Fabri, Juan Luis Maneiro, etc. Sin duda, dentro de los parámetros de la educación mexicana actual, con saber enunciar lo anterior es más que suficiente. ¡Repetid! ¡Repite la lección! ¡Una y otra vez! ¡Oh, qué maravilloso es el conocimiento aprendido de memoria y regurgitado hasta el día del examen! Pese a que el conocimiento sobre estos jesuitas ha devenido a una manera de aprendizaje estéril, todavía podemos leerlos críticamente, es decir, humanísticamente.

El humanismo, como corriente de pensamiento, surgió durante el siglo XIV, XV y XVI, primero, o eso se nos ha señalado, en Italia con pensadores como Pico della Mirandola que demostraba que toda alma humana es igual y pude llegara ser lo que desea, o neoplatónicos como Ficino que hace una relectura del Banquete de Platón, o Castiglione que da las pautas de cómo debe comportarse y discurrir un cortesano, etc. El humanismo presta atención en las fuentes que lee para engrandecer el espíritu humano, para adquirir valores éticos y alcanzar la plenitud, es una forma de pensamiento que recurre al diálogo con los otros para desentrañar la verdad. Se trata de un pensamiento que dio pautas para la época moderna, nuestra época (claro que esta última afirmación la podemos discutir más ampliamente ¿no?).

Clavijero (1731-1787), en sus textos, realizó interesantes contrastes para determinar el valor de los pueblos indígenas prehispánicos, los cuales fueron: antiguos indígenas en comparación con los actuales (de su época), la diferencia y semejanza de América con Europa, los métodos de evangelización del pasado con posturas actuales, etc. Toda esa disertación y diálogo le hicieron escribir una obra de una sociedad indígena prehispánica con una literatura, un código de valores, unidad lingüística, una utopía en el pasado, a diferencia de los indígenas de su momento que por malas practicas ejercidas por evangelizadores y conquistadores han devenido en perder sus características primordiales.

Las reflexiones de Clavijero son adecuadas en tanto a su propósito de rescatar un pasado histórico, pero eso no nos impide que confrontemos sus propuestas con Yásnaya Elena A. Gil (2021) que indica en Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística sobre que el considerar a las lenguas indígenas como una sola unidad, como algo milenario, el supuesto carácter de poéticas, o el mito del buen salvaje incurren en estereotipos que afectan las lenguas indígenas y a sus hablantes. Además de que el plan de mestizaje para la formación de una hegemonía cultural en Nueva España, defendida por Clavijero y Andrés Cavo (1739-1803), atenta contra la misma idea de diversidad étnica y lingüística de México como bien señala Yásnaya en cuanto que se impone sólo una forma de entender al país.

Lo más curioso, aunque existan diferencias de posicionamientos entre los jesuitas del XVIII con Yásnaya, ambos están ejerciendo un pensamiento critico en torno al mundo que los rodea. Francisco Xavier Alegre (1729-1788) y Andrés de Guevara (1748-1801) dialogan tanto con filósofos antiguos como modernos, se preocupan en torno a temas de carácter cosmopolita y sobre la idea del filósofo como ciudadano del mundo. También resulta interesante una propuesta de lectura desde nuestro presente con los estudios culturales sobre la preocupación en torno a la vida de los esclavos negros que tenía Xavier Alegre. Leer a los jesuitas no tiene que ser un acto ciego de veneración o de indiferencia, sino un diálogo con otras aproximaciones del siglo XXI a cuestiones que ellos ya examinaban. Yásnaya es heredera del humanismo, pero de un humanismo que se ha nutrido de nuevas lecturas, de nuevos diálogos y de nuevas confrontaciones de distintos paradigmas de conocimiento.

Los humanistas jesuitas son fundamento para entender parte de la vida del México independiente, consideraciones sobre políticas en torno al mestizaje y a la unidad nacional, búsqueda de un pasado que aglutine y de identidad, la preocupación en torno al cosmopolitismo, etc. Sus obras empezaron a leerse en territorio nacional o países hispanohablantes, recordemos que fueron expulsados de la Nueva España en 1767, por los años treinta del siglo XIX, década importante por ser momento en que empezaba, propiamente dicho, la vida nacional en México. A la anterior valoración histórica, cabe tener en cuenta que hoy podemos, o por lo menos yo, me asombro de la capacidad de investigación y compromiso que tenían para elaborar sus textos, su afán de diálogo y argumentación, aunque debemos de recordar que la argumentación se puede siempre contrargumentar, el conocimiento no es estanco.

viernes, 7 de enero de 2022

Encuentro con un pícaro

Leía el libro de aquel alemán Humboldt sobre esa ciudad que no sabía si conocía o era más mito de la mente de un extranjero, cuando un hombre se sentó a mi lado cantando "En la calle de Cadena/ viven los enamorados;/ pero otros suelen vivir/ en la calle del Esclavo./ En la calle de los Ciegos/ (ciegos son muchos casados)/ viven varios, y después/ pasan a la del Chivato...". ¿Quién era ese borracho? Lo miré de reojo, aunque vestía medio bien, le ví las mañas de pícaro. Fijó su atención en mí y en el libro.

-Esos de afuera no saben nada de nada, claro que dicen ciertas verdades, pero no ven más allá de los palacios. Yo sé que "Los jugadores perdidos/ que se han quedado arrancados,/ en la de la Machincuepa/ viven, y de éstos hay varios./ En Tumbaburros habitan/ infinidad de borrachos/ y te advierto que los hay/ muy decentes y planchados".

No sé cómo me dejé arrastrar por el desconocido, me empezó a mostrar una calle ancha que va hacia la plaza central, los edificios se transformaban, el número de gente a veces disminuía, pero aún así eran muchos.

-"Muchos en México viven/ de esperanzas, ¡Qué mal plato!/ Búscalos, y en la plazuela de la Esmeralda hallaraslos./ En San Hipólito viven/ los dementes rematados;/ pero en toda la ciudad/ encontrarás locos mansos".

Aquel loco me llevaba a muchos sitios, pero ¿no era más loco yo en seguirlo? Se detuvo en un callejón con luz y sombra, una mujer indígena pedía limosna, un hombre de frac y alto sombrero pasó sin inmutarse.

-"Hay una Casa de Pobres.../ ¿Una dije? Miente el labio;/ que hay tantas, amigo, hay tantas,/ que da dolor el pensarlo;/ y lo peor es que hay de ricos/ innumerables palacios;/ pero siempre la miseria/ llorosa los ve cerrados".

El hombre se fue y me dejó solo. Un puesto de libros callejeros llamó mi atención "Humanistas del siglo XVIII" ¿habrá algo en esas páginas que me permita entender en dónde estoy?


Lean el texto de Joaquín Fernández de Lizardi "México por dentro, o sea Guía de forasteros". https://www.iifilologicas.unam.mx/obralizardi/index.php?page=mexico-por-dentro-o-sea-guia-de-forasteros  

Si les gustó compartan o comenten

Encuentro con un alemán en la ciudad de los palacios

Caminando por las calles de la monstruosa ciudad, me he encontrado con un alemán. Vestía de manera extraña, con una mirada sagaz, atenta a los detalles, tal vez aventurera. Me dijo, con voz docta, cosas sobre un lago de Texcoco que nutre al valle de México y que se ha ido mermando por un desagüe real de Huehuetoca, me indicó del perfecto orden de las calles, de la majestuosidad de plazas, del estilo puro y bello de los edificios de tezontle, se detuvo y relamió los labios al hablar de una estatua ecuestre de un tal Carlos IV, de muchas cosas habló el extranjero. Continuó su arenga con esto: "Ciertamente no puede darse espectáculo más rico y variado que el que presenta el valle, cuando en una hermosa mañana de verano, estando el cielo claro y con aquel azul turquí propio del aire seco y enrarecido de las altas montañas, se asoma uno por cualquiera de las torres de la Catedral de México, por lo alto de la colina de Chapultepec...".

Siguió su disertación acerca de los ahuehuetes, del Tepeyac, de acueductos, de lugares que visitar. ¡Parece un guía turístico este alemán! Creí que iba decirme sobre la ciudad de los palacios, pero no dijo nada más. Me regaló un gran objeto, era un libro que se titula _Ensayo político sobre el reino de la Nueva España_. Se alejó. Desapareció. ¿De qué ciudad me hablaba? Esto es México el país de lagos secos, de plazas comerciales a la vuelta de cada esquina, de aire contaminado, de árboles cortados, además era invierno, no verano. Quería contestarle al alemán que se equivocaba. Miré alrededor, me fijé que estaba frente al "caballito" y atrás el Palacio de Minería. Tal vez el alemán sí sabía en dónde estaba y yo era el perdido. Vi la tapa del libro: Alexander von Humboldt. ¡Qué alemán tan extravagante! ¿Será que el lugar del que hablaba es el mismo en dónde yo estoy?
Si gustan leer la obra de Humboldt lo pueden hacer aquí http://www.cervantesvirtual.com/.../ensayo-politico.../
o conseguir un ejemplar en físico, está editado por Porrúa y por la Universidad Veracruzana.
Si les gustó este palique pueden compartirlo.

sábado, 1 de enero de 2022

Postales y diario desde el siglo XIX mexicano

 Este proyecto surge ante la inquietud por la difusión de la literatura del siglo XIX mexicano. El anterior enunciado surge por algunas cosas que he notado: la primera, revisando y ayudando a mi Mamá en sus cursos de secundaria, noté que la literatura mexicana se presenta muy poco en los planes de estudio o en los textos sugeridos en los libros de lectura; segundo, me ha tocado escuchar a gente docta del tema hablar sobre la gran impronta de estos escritores en el público mexicano, cuando hice una pequeña encuesta para confirmar eso resultó en que muy pocos de mis coetáneos conocían sobre estos autores; tercero, en la carrera, para sorpresa mía, me agradaron y emocionaron las obras literarias del XIX mexicano gracias la Doctora Blanca Estela y a la Doctora Ana Laura y me sorprendía que no hubiera una mayor difusión de estas obras en otros espacios de mi formación. Las anteriores circunstancias no quieren decir, y eso quiero remarcar, que la literatura del XIX mexicano deba leerse porque sea una joya nacional, por ser patrimonio, por nacionalismo o por obligación como ciudadanos mexicanos. 

    A estas alturas del siglo XXI, en un mundo globalizado y con distintos tipos de ficciones literarias, cinematográficas, audiovisuales, en línea, programadas digitalmente, etc., lo anteriores motivos que apuntan a una lectura dada por el "sentimiento nacional" resultan ridículos en  muchos aspectos. ¿Para qué leer, entonces, a estxs autores decimonónicxs? ¿Qué realmente nos dicen a nosotros habitantes de la gran aldea digital? Posiblemente nada o posiblemente mucho, sin duda corresponde al lector desentrañar para sí mismo ese misterio. Lo que sí considero importante, más que establecer listas de autores canónicos y valoraciones a partir de la nacionalidad y soberanías patrias, es aprender a ser consientes de cómo leer a estxs escritores que publicaron sus obras durante el siglo XIX e inicios del XX. 

    En este aspecto, más que enseñarnos que hay una serie de grandes autores, nos deberían enseñar en la escuela a ser consientes de nuestra capacidad lectora. Recordemos que el leer y el escribir no es algo natural a la humanidad, se tratan de herramientas que se desarrollan y se fortalecen a lo largo de nuestra existencia en el mundo, y eso si decidimos ejercitarlas. Leer a los autores del XIX requiere que el lector sea consiente de cómo, por qué y qué lee (o consume) en el siglo XXI, sepa identificar que hay en esa otredad decimonónica que lo repele o lo desafía, reconocer que para entender la existencia de otro requiere ceder parte de su visión del mundo a otra perspectiva. Leer más allá de nuestra época es un acto de humildad y de modificar nuestro comportamiento a lo que no entendemos en una primera instancia. 

    Yo reconozco que esas lecturas del XIX mexicano, en algunos momentos, me provocan aburrimiento, a veces incomprensión; pero debo, antes que cuestionar al otro (sea texto, autor o época), cuestionarme a mí mismo ¿Qué aspectos desde mi sensibilidad estética me están impidiendo comprender tal obra? ¿Qué sesgos culturales, históricos, políticos, etc. no me permiten acercarme a tal autor o tal texto? ¿Qué gustos generados por mi educación y familia me impiden acercarme a esta literatura? Ojo, esto no quiere decir que siempre sea un impedimento de nuestro yo presente, en algunos casos nuestra postura ética o social o psicológica se verá ampliamente enfrentada a las ficciones de otras épocas y tendrá que establecer una postura; pero esta postura surge una vez  que  nos conocemos a nosotros mismos y a los otros. 

    Estas palabras iniciales no buscan ser un extenso prólogo ni una solución fácil e inamovible, mucho de lo que digo se puede problematizar y cuestionar. Este proyecto de difusión que voy a realizar este año 2022 surge ante una serie de interrogantes que me he hecho durante un tiempo respecto a la actualidad, disfrute, goce y problematización de las obras del siglo XIX mexicano en nuestro contexto del XXI. Sé que existen distintas iniciativas de difusión de las letras patrias en distintas instituciones como el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, otras universidades públicas del país, la edición de textos de esta época en la UNAM, Universidad Veracruzana, FCE, Colegio Nacional, COLMEX, Fundación para las Letras Mexicanas, etc. etc. 

    Una de esas propuestas de edición que me llamaron la atención fue la coedición de Penguin con UNAM en donde salieron varios títulos de literatura mexicana del XIX, pero una serie de preguntas me invadía cuando vi esos libros ¿Quién los va a leer si la literatura mexicana del XIX sólo se presenta como tema de unidad en Literatura Mexicana e Iberoamericana de Preparatoria Nacional y no el los demás y variados programas de educación media superior? Ya ni digamos de su presencia en la educación básica. ¿Cómo el público lector del XXI (y perdón, pero estoy pensando sobre todo en público milenial y centenial) va a querer adentrarse a esas obras sin que se le haya brindado una oportunidad en la escuela o en el gusto cotidiano? ¿Realmente qué vamos a hacer con esos textos, valorarlos como joyas nacionales inmaculadas e impolutas; regocijarnos en las que nos permitan el goce y el disfrute; atormentarnos ante las que no podamos comprender?

    Las postales y entradas de diario, como formas literarias muy propias en la discontinuidad temporal de nuestros días, van a ser formas en que quiero difundir mi lectura, análisis e interpretación de algunos textos decimonónicos. Con esto pretendo, si se puede, generar un diálogo tanto con los que me conozcan como con los que no, finalmente el Internet es el espacio de los posibles o te viralizas o te diluyes. La literatura del XIX mexicano es para mí algo que conozco, pero sólo tangencialmente ya que sólo en muy pocas ocasiones me he aventado a leer con método o a conciencia estos textos. Partiré, como el ñoño que soy, por algunas puertas que han indicado algunos críticos e historiadores de la literatura decimonónica. No espero contestar todas mis dudas que he formulado en párrafos anteriores, posiblemente me surjan más preguntas que respuestas; pero así son todos los viajes que hacemos en la realidad o en la ficción, son un misterio por más que reflexiones sobre ello; sin embargo podemos compartir y verbalizar nuestras experiencias ante ese viaje.

Posdata, la palabra 'palique' designa una conversación de poca importancia, la literatura, hoy en día, es una discusión de poca importancia y por ello resulta tan útil para reírse, llorar, crítica y comprender, su intranscendencia nos recuerda lo que nos hace humanos.  

El humanismo ayer y hoy

  El pensamiento humanista de los jesuitas expulsados de la Nueva España representa parte de los fundamentos del México independiente, de ta...