El
pensamiento humanista de los jesuitas expulsados de la Nueva España representa
parte de los fundamentos del México independiente, de tal manera lo señala
Julio Jiménez Rueda en Letras mexicanas en el siglo XIX. ¿Pero en qué
consiste esa impronta en el México decimonónico? Jiménez Rueda y Gabriel
Menéndez Plancarte (Humanistas del siglo XVIII) señalan muy escolarmente
los siguientes puntos: importancia del conocimiento de lenguas clásicas (griego
y latín) y prehispánicas (especialmente el náhuatl), exaltación criolla de la
patria mexicana, búsqueda histórica del mundo indígena prehispánico, concepción
del filósofo como ciudadano del mundo, idea del mestizaje como fundamente
cohesionador de la Nueva España.
Con
el párrafo anterior se puede contestar un examen de conocimientos generales
sobre los humanistas del XVIII, sólo faltaría enunciar a sus máximos exponentes:
Francisco Xavier Clavijero, Rafael Landívar, Diego José Abad, Francisco Javier
Alegre, Andrés Cavo, Andrés de Guevara y Basoazábal, Pedro José Márquez, Manuel
Fabri, Juan Luis Maneiro, etc. Sin duda, dentro de los parámetros de la
educación mexicana actual, con saber enunciar lo anterior es más que suficiente.
¡Repetid! ¡Repite la lección! ¡Una y otra vez! ¡Oh, qué maravilloso es el
conocimiento aprendido de memoria y regurgitado hasta el día del examen! Pese a
que el conocimiento sobre estos jesuitas ha devenido a una manera de aprendizaje
estéril, todavía podemos leerlos críticamente, es decir, humanísticamente.
El
humanismo, como corriente de pensamiento, surgió durante el siglo XIV, XV y XVI,
primero, o eso se nos ha señalado, en Italia con pensadores como Pico della
Mirandola que demostraba que toda alma humana es igual y pude llegara ser lo
que desea, o neoplatónicos como Ficino que hace una relectura del Banquete de
Platón, o Castiglione que da las pautas de cómo debe comportarse y discurrir un
cortesano, etc. El humanismo presta atención en las fuentes que lee para
engrandecer el espíritu humano, para adquirir valores éticos y alcanzar la
plenitud, es una forma de pensamiento que recurre al diálogo con los otros para
desentrañar la verdad. Se trata de un pensamiento que dio pautas para la época
moderna, nuestra época (claro que esta última afirmación la podemos discutir
más ampliamente ¿no?).
Clavijero
(1731-1787), en sus textos, realizó interesantes contrastes para determinar el
valor de los pueblos indígenas prehispánicos, los cuales fueron: antiguos indígenas
en comparación con los actuales (de su época), la diferencia y semejanza de
América con Europa, los métodos de evangelización del pasado con posturas
actuales, etc. Toda esa disertación y diálogo le hicieron escribir una obra de
una sociedad indígena prehispánica con una literatura, un código de valores,
unidad lingüística, una utopía en el pasado, a diferencia de los indígenas de
su momento que por malas practicas ejercidas por evangelizadores y
conquistadores han devenido en perder sus características primordiales.
Las
reflexiones de Clavijero son adecuadas en tanto a su propósito de rescatar un
pasado histórico, pero eso no nos impide que confrontemos sus propuestas con Yásnaya
Elena A. Gil (2021) que indica en Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística
sobre que el considerar a las lenguas indígenas como una sola unidad, como
algo milenario, el supuesto carácter de poéticas, o el mito del buen salvaje
incurren en estereotipos que afectan las lenguas indígenas y a sus hablantes. Además
de que el plan de mestizaje para la formación de una hegemonía cultural en
Nueva España, defendida por Clavijero y Andrés Cavo (1739-1803), atenta contra
la misma idea de diversidad étnica y lingüística de México como bien señala
Yásnaya en cuanto que se impone sólo una forma de entender al país.
Lo
más curioso, aunque existan diferencias de posicionamientos entre los jesuitas
del XVIII con Yásnaya, ambos están ejerciendo un pensamiento critico en torno
al mundo que los rodea. Francisco Xavier Alegre (1729-1788) y Andrés de Guevara
(1748-1801) dialogan tanto con filósofos antiguos como modernos, se preocupan
en torno a temas de carácter cosmopolita y sobre la idea del filósofo como
ciudadano del mundo. También resulta interesante una propuesta de lectura desde
nuestro presente con los estudios culturales sobre la preocupación en torno a
la vida de los esclavos negros que tenía Xavier Alegre. Leer a los jesuitas no
tiene que ser un acto ciego de veneración o de indiferencia, sino un diálogo
con otras aproximaciones del siglo XXI a cuestiones que ellos ya examinaban.
Yásnaya es heredera del humanismo, pero de un humanismo que se ha nutrido de
nuevas lecturas, de nuevos diálogos y de nuevas confrontaciones de distintos
paradigmas de conocimiento.
Los
humanistas jesuitas son fundamento para entender parte de la vida del México
independiente, consideraciones sobre políticas en torno al mestizaje y a la
unidad nacional, búsqueda de un pasado que aglutine y de identidad, la
preocupación en torno al cosmopolitismo, etc. Sus obras empezaron a leerse en
territorio nacional o países hispanohablantes, recordemos que fueron expulsados
de la Nueva España en 1767, por los años treinta del siglo XIX, década
importante por ser momento en que empezaba, propiamente dicho, la vida nacional
en México. A la anterior valoración histórica, cabe tener en cuenta que hoy podemos,
o por lo menos yo, me asombro de la capacidad de investigación y compromiso que
tenían para elaborar sus textos, su afán de diálogo y argumentación, aunque debemos
de recordar que la argumentación se puede siempre contrargumentar, el
conocimiento no es estanco.
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